El diario El Mundo edita la «Memoria sobre educación pública» de Jovellanos

El diario El Mundo edita en su colección “Los clásicos del pensamiento libre” la Memoria sobre educación pública de Jovellanos, con prólogo de Elena de Lorenzo Álvarez.

Los ensayos de Jovellanos, entre los que destacan sus Memoria sobre las diversiones públicas, su Informe en el Expediente de Ley Agraria y esta Memoria sobre la educación pública, abordan problemas de aquel siglo a instancias de distintas instituciones a que estaba vinculado, como la Sociedad Matritense de Amigos del País, la Real Academia de la Historia y la Sociedad Mallorquina. A ésta propone aquí Jovellanos la fundación de “una institución pública y abierta”, “una institución en que sea gratuita toda la que se repute absolutamente necesaria para formar un buen ciudadano”, libre de “distinciones odiosas” pues todas las clases “tienen derecho a ser instruidas”. Por eso pensaba decirles: “si deseáis el bien de nuestra patria, abrid a todos sus hijos el derecho de instruirse, multiplicad las escuelas de primeras letras; no haya pueblo, no haya rincón donde los niños, de cualquiera clase y sexo que sean, carezcan de este beneficio”. La obligación del Estado es hacer felices a sus ciudadanos, y por tanto es su deber instruirles, a todos.

Salvo por la obligatoriedad, quedan ya aquí establecidas las bases para una secularización de la educación de la infancia, antaño relegada al ámbito doméstico y privado de quienes podían sufragar preceptores, y ahora concebida como abierta, pública y gratuita, orientada a todas las clases y a ambos sexos. Pocos proyectos de Jovellanos tuvieron culminación efectiva o duradera, pues las reformas ilustradas exigen ritmos amplios que fácilmente se ven truncados; pero memorias como ésta nutren las reformas del siglo siguiente y conforman un legado, lo que José Antonio Maravall llamaba “la herencia ideológica de la Ilustración”. Él mismo le decía al traductor al francés de El delincuente honrado: “La luz de la Ilustración no tiene un movimiento tan rápido como la del sol; pero cuando una vez ha rayado sobre algún hemisferio, se difunde, aunque lentamente, hasta llenar los más lejanos horizontes; y, o yo conozco mal mi nación, o este fenómeno va ya apareciendo en ella”.
Del Prólogo de Elena de Lorenzo


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